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El caso del urogallo y la política

Parecía que agosto no iba a dar noticias destacadas sobre medio ambiente ya que, por fortuna, este verano ha habido pocos incendios (¡crucemos los dedos en La Encina y el Cristo!). Sin embargo, hubo una que merece la pena comentar y que demuestra lo alejados que están los intereses de unos y otros en nuestra comarca, para caer en semejantes paradojas.

“La Junta de Castilla y León dota de 122.000 € a Folgoso e Igueña para que reforesten el monte a la espera del urogallo”

¿No recuerdan estos políticos que, entre Folgoso e Igueña, en el valle del Boeza y visible desde la Autovía VI a su paso por el Bierzo Alto, han aprobado definitivamente la explotación de una cantera de áridos a cielo abierto? ¿Saben que a menos de 200 metros de Rozuelo se pican diariamente toneladas de piedra en un molino que hace un ruido de mil demonios? ¿Se han acercado a comprobar la polvareda que levantan los camiones por la pista, ahora voy, ahora vengo, entre los dos montes que coronan Tierra Seca? ¿Han venido a ver cómo ya se ha secado la fuente y el arroyo que bajaba por los Cardales? ¿Cómo no les ha importado reventar un monte recién repoblado? ¿Cómo se han reído de la naturaleza y de las persona…?

El lema de la Fundación Patrimonio Natural de Castilla y León, que financia este programa de recuperación del urogallo con ayuda de la Caixa, dice: “La Naturaleza es nuestro futuro…”. ¡Qué hipocresía!

¡Señoras y señores políticos! La ocupación industrial de estos montes y la fuerte contamización acústica no le va a gustar al urogallo, por muy loco que esté. Tampoco le gusta al corzo, ni al jabalí, ni a la babosa de río… Podremos plantar muchos acebos y capudres con ese presupuesto pero, ¿quién callará las máquinas?

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